Pasamos el día
asociando hechos y ordenando rostros en nuestra materia gris. Como ser humano
social, reconoces gente de nuestra “tribu” para sentirte saludable.
Nos hemos especializado en ver caras humanas en los lugares más comunes; somos
víctimas de la pareidolia, un fenómeno habitual de nuestra vida.
Pregúntate por
qué una muñeca de porcelana, un robot humanoide, o expresiones humanas en animales,
despiertan extrañas emociones en tu interior. El órgano que más estímulos
recibe es el ojo, y cuando detecta algo que no sabe con certeza si es humano, presiente
peligro, se confunde e intuye que le engañan. Es un instinto emocional que
ayudó a sobrevivir a nuestros ancestros.
Robot humanoide que da miedo.
Si el cerebro no detecta íntegramente los rasgos humanos, la respuesta siempre será el miedo. El mecanismo nos alerta: ¿es humano o no lo es?
Robot humano que no despierta temor.
Cuando el rostro (en apariencia) es prácticamente humano, el miedo desaparece y
hasta, si cabe decirlo, podemos familiarizarnos con lo que consideremos humano.
(Foto de robot humana perfecta)
El fenómeno se explica con la hipotesis del Valle Inquietante (o Valle Inexplicable). Si quieres
saber más sobre el Valle Inquietante haz click aquí.
¿Crees que otros
no conocen este fenómeno? ¿Dudas que algunos profesionales le dediquen meses o
años de estudio? Cuando veas una prótesis mal hecha, estarás de pleno en el Valle
Inquietante; cuando esté bien hecha, no sentirás rechazo. Cuando una película
de terror te haga sufrir horrores, te hallarás en el vértice más profundo del
Valle Inquietante; cuando no lo consiga, será un fracaso absoluto.
Deseo que este
post te haya gustado leerlo, tanto como a mí me ha gustado hacerlo. Agrégame
a mis redes sociales si quieres ver más contenidos como este. Muchas gracias.
David
Moreno Ruiz.




No hay comentarios:
Publicar un comentario