2 jul 2015

TENER LA MENTE ABIERTA ¿QUÉ ES ESO?

Últimamente me han impresionado muchos argumentos de diversas personas. 
En un principio, ser de mente abierta era estar dispuesto a contemplar creencias y convicciones distintas a las propias, e incluso estar dispuesto a cambiar de opinión.
Ahora parece que estar abierto significa aceptar cualquier idea sin poner resistencia sin pruebas.

En diversas ocasiones, a los científicos, divulgadores de ciencia y escépticos, se nos cuentan diversas ideas, como podría ser todo el rollo del New Age, el Tarot, Reik... y un largo etc lleno de Charlatanerías y pseudociencias, y se nos tacha de mente cerrada "sólo por no aceptar lo que nos dicen". Inmediatamente nos invitan a tener la mente "abierta".

Por lo visto, hoy en día ser abierto de mente quiere decir que estemos dispuestos a creer en cualquier patraña, sino, en realidad, creérnoslas, y mientras más tonta sea, mejor aún. Pero defendamos lo que realmente significa ser "abiertos de mente".

En el mundo científico, ser abierto es realmente fundamental, mismo por la gran generación de ideas que se realizan a cada minuto. Para que la ciencia funcione bien, y poder realizar explicaciones realistas y confiables de todo el cosmos, se exige que todas las ideas se discutan continuamente, por esto mismo, se exige que todas estas ideas estén bien fundamentadas y así se puedan defender, no olvidemos la metodología científica. 

El científico promedio y serio, antes de subir al campo de combate donde expondrá su idea, analiza toda su investigación observando todos los detalles posibles, atacando el mismo, y, una vez que él o ella esté seguro, procede a publicar su trabajo en una revista científica o en un coloquio. Existen muchos medios para poder hacerlo.

Ya estando el científico en el campo de combate, deberá de estar seguro de su aporte pero no lo suficientemente seguro para no cambiar de opinión en caso de ser necesario. Esto ayuda a evitar ser dogmáticos con lo que queremos, evitando de cierta manera, ser racionales. Y al hacer eso, puede llegar a producir el descrédito del científico o investigador.

Todos conocemos la historia de el científico italiano Galileo Galilei, el cual tenía sus rivalidades con los aristotélicos. ¿Qué pasó aquí? Resulta que nuestro científico refutó muchas de las ideas que postuló Aristóteles [Galileo fue de los primeros en derrumbar el argumento de autoridad]. Refutó todas estas ideas de antaño con el uso de evidencias racionales, lógicas, demostrables y comprobables, es decir, destripó brutalmente las ideas aristotélicas. Como podemos leer, no era muy querido por los seguidores de las ideas de Aristóteles.

Las ideas, generalmente, son correctas o incorrectas, pero también tenemos una tercera clasificación, la cual proviene de lo dijo físico Wolfgang Pauli cuando le mostraron el trabajo de otro físico pero joven. Pauli concluyó que las ideas que se presentaban en ese trabajo eran tan absurdas -o estaban tan mal fundamentadas- que no llegaban siquiera a ser erróneas.

Las ideas que se expresan de tal manera que es imposible someterlas a prueba -imposible verificarlas o desmentirlas- no son ni siquiera erróneas y no les interesan a los científicos.

Así que, los científicos, escépticos y demás personas, si cambian de opinión siempre y cuando se les convence con evidencia. Ese derecho nos niegan aquellos que divulgan como verdad las pseudociencias y las charlatanerías. Se nos está negando el derecho a pensar por nosotros mismos y decidir si estamos convencidos o no. A ellos, les debemos de creerles so pena de que se nos tache de cerrados, es como si se nos obligara a creer en Kamisama.

La historia de la ciencia está salpicada de episodios en que una comunidad entera de científicos cambia de opinión. En cambio, yo aún no he visto cambiar de opinión a un convencido de la astrología o la curación cuántica. No están dispuestos a abandonar sus teorías si las pruebas en contra son sólidas.
Tal vez la justa medida de la apertura mental esté en esta frase que oí o leí alguna vez: hay que tener la mente abierta, pero no tanto que se te salgan las ideas.


Cristian Díaz Sandoval

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