28 jun 2015

EL MITO DE PROMETEO Y NUESTRA CURIOSIDAD

Esta entrada es en honor a Prometeo, el más grande de los Titanes de la mitología griega. 

Prometeo tenía un hermano: Atlas. Él se encargaba de sostener a la Tierra sobre sus grandes brazos, espalda y hombros. Observó a los recién nacidos seres humanos y sintió amor y compasión por ellos, pero, algo no cuadraba del todo: físicamente, nos parecíamos a los dioses, pero algo nos faltaba.

Prometeo tomo una decisión, escalando el Olimpo, donde robo algo a los Dioses, bajando así a la Tierra, embalando de forma cuidadosa lo robado en un hatillo de franela.
Lo que robó fue el fuego, el fuego que nos dio la tecnología, pero no sólo fue eso. Era iskra, la chispa, el fuego divino, la cualidad que nos impulsó a saber. El fuego que hizo que nos levantáramos hasta la altura de los dioses.

Los griegos no eran tontos, sabían que si habían dioses, estos debían de ser caprichosos, injustos, celosos, egocéntricos o hasta narcisistas, y ciertamente, Zéus, entró en cólera cuando se enteró que Prometeo, uno de los suyos, dio a los humanos el fuego de la creación, castigandolo atándolo en las montañas de Cáucaso. No sólo fue eso, cada día, un ave, se arrojaba a él y le comía una parte del hígado, pero como Prometeo era inmortal, se regeneraba por las noches.

Padeció aquella tortura por una eternidad solo para que nosotros los humanos, poseyéramos la chispa, el fuego divina, que nos llevaría a interrogar nuestro entorno, nos llevaría a la curiosidad y por consecuencia al saber, con cuestionamientos: ¿qué? ¿quién? ¿cómo? ¿dónde? ¿por qué? y ¿para qué?

Prometeo significa "el que piensa con anticipación". ¡Aliviemos esta gran agonía de nuestro héroe mostrándonos curiosos, sorprendidos, asombrados, encendidos todos los días de nuestra vida!




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Cristian Díaz Sandoval

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